5.8.26

CINE EN LA PLAZA: LA ODISEA – Fenómeno mediático, pero no memorable

Comentario de Sergio Martínez

Las grandes obras literarias siempre han sido una
importante fuente temática para el cine. ¡Si hasta la Biblia tuvo una versión cinematográfica allá por los años 60! La gran epopeya homérica también ha proporcionado material para la gran pantalla, sin ir más lejos, Uberto Pasolini ya nos había dado una versión más específica de las vicisitudes de Odiseo en El regreso (2024) con Ralph Fiennes en el rol protagónico y Juliette Binoche como Penélope.

Lo que coloca a esta nueva versión, dirigida por Christopher Nolan, en una categoría especial ha sido la expectación que su estreno logró desencadenar al punto que a más de una semana de estar en pantalla es difícil encontrar billetes para sus proyecciones en IMAX, el formato que ofrece las imágenes más impactantes de la travesía de los hombres comandados por Odiseo luego de la Guerra de Troya, así como de las batallas y los encuentros con seres míticos. Sin duda, un gran mérito de los publicistas y de algunas interesantes libertades que Nolan se tomó al decidir el reparto de la película. Una cierta dosis de polémica siempre ayuda, podría decirse con cierto cinismo.

Por una parte, el hecho de que Nolan recurriera a una postura de colour blindness al poner a actrices negras en roles prominentes puede saludarse como un gesto de apertura y reconocimiento al talento más allá del color de la piel, pero también puede interpretarse como un intento de political correctness inconsistente con el afán de retratar fielmente el período histórico de la leyenda. En estricto rigor, Helena de Troya, interpretada por Lupita Nyong’o, no tiene mayor presencia en el texto original. Ella sí es una figura central en La Ilíada, ya que, según la leyenda, la guerra se desencadena a raíz de su rapto. Nolan también eligió a otra actriz negra, Zendaya, para el papel de la diosa Atenea.

Tampoco era parte de la Odisea muchas de las referencias a los combates en Troya, tema de La Ilíada. Todo eso, agregado sin duda, para un público ansioso por escenas de acción, pero La Odisea, si bien alude también a esos episodios, es más que nada una obra reflexiva sobre el destino del protagonista encarnado muy bien por Matt Damon, así como de la férrea voluntad de su mujer, Penélope, también muy bien retratada por la bella y talentosa Anne Hathaway que confiere a su personaje una invariable dignidad. Probablemente muchas de las escenas que recogen los aspectos más míticos de la historia: el encuentro con el cíclope Polifemo, la transformación de sus hombres en cerdos y el canto de las sirenas, no alcanzan a ser percibidos en su valor simbólico porque la película sólo los toca como episodios desconectados.

Tampoco hay un mayor desarrollo de la relación entre Odiseo y la bella Calipso (rol muy bien representado por la igualmente bella Charlize Theron).

Nolan alarga el film con muchas escenas de acción posiblemente dirigidas a un público juvenil, pero que no ocupan la misma atención en el texto homérico. La escena de la pelea que se desencadena cuando Odiseo ha hecho su entrada en la disputa por la mano de Penélope es extremadamente larga y por momentos más parece una escena de pelea en algún film del oeste que el combate más circunscrito que nos presentaba Homero.

En suma, La Odisea—versión Christopher Nolan—se ha transformado sin duda en el gran fenómeno cinematográfico del verano de 2026 y quizás ya algunos piensen en las nominaciones para los Oscars, pero si uno se desprende de los efectos y las imágenes impactantes, lo que queda es más bien la expresión de un buen trabajo escénico y de imagen, pero no hay un aporte real ni mucho menos la captación del tono reflexivo de Odiseo, el hombre que después de muchos años ha de volver donde al llegar el único que lo reconoce es su perro (un instante importante en el original, apenas tocado por Nolan). Más que en un gran evento cinematográfico, este es un hábilmente gestado evento mediático. Y Homero no tiene la culpa.

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