19.4.26

CINE EN LA PLAZA—PATIO DE CHACALES: Las varias facetas del horror

Comentario de Sergio Martínez

Las dictaduras militares en América Latina, como otros sucesos políticos marcados por la detención arbitraria y el eventual asesinato de opositores —el período del nazismo, por ejemplo—, pueden ser una buena fuente para historias en las que el horror —el real, producido por causas exteriores a la conciencia de uno— se entrelaza con aquel que a veces emerge desde la propia imaginación. Es el caso de la experiencia que vive Raúl (Néstor Cantillana) en este film escrito y dirigido por Diego Figueroa. Aunque el film es chileno y ciertamente se inspira en la experiencia de la dictadura de Augusto Pinochet, el director no sitúa la trama en su país, sino que la propone más bien como un suceso que podría haber ocurrido bajo cualquiera de las dictaduras militares que golpearon a algunos países latinoamericanos en la década de los 70.

No obstante, hay algunos aspectos un tanto implausibles en la trama: el hecho de que Raúl pareciera ignorar el clima de represión desatado en esos tiempos y, que la policía de la dictadura tuviera un cuartel secreto en una casa colindante a la de Raúl. (Por lo que se sabe, tanto en Chile como en Argentina, hubo recintos secretos, muchos de ellos en medio de las ciudades, pero no es muy probable que hubiera alguno con tanta cercanía a otra casa). Sin embargo, ambos aspectos son esenciales para el desarrollo de la historia, por lo que podemos pasarlos por alto.

Raúl es un personaje misterioso y extraño. Su trabajo consiste en diseñar y elaborar maquetas de edificios u otras instalaciones, las que hace por encargo del ejército, al mismo tiempo, hace figurines que complementan algunas de sus miniaturas. Él vive con su madre enferma y muestra un escaso nivel de comunicación, por lo que podría caracterizarse como autista. El reducido mundo de relaciones que Raúl mantiene se limita a su amistad con Laura (Blanca Lewin), quien, junto a su hermana, atiende una tienda de ropa en el vecindario.

La presencia de los extraños vecinos y los gritos que Raúl escucha en la noche, provenientes de la casa colindante, le llevarán a querer desentrañar el misterio, para lo cual su amiga Laura le ayudará. Eso llevará a que Raúl vaya involucrándose cada vez más en una maraña de acontecimientos que le tocarán muy de cerca. Todos esos acontecimientos él los va registrando en su diario de vida, un detalle que también tendrá su significado.

Es justamente cuando ocurre ese involucramiento de Raúl y Laura en los sucesos que acaecen en la casa vecina, cuando la narrativa del film adopta lo que podría ser su rasgo más distintivo: el juego entre lo real y lo alucinante, el terror real y el producido por la imaginación de los personajes. Una interacción de planos de la realidad que sólo se revela en las escenas finales, lo que, en todo caso, deja al espectador con cierta duda sobre qué acción tomará el otro personaje importante, identificado únicamente como “Chacal” (Juan Cano), quien aparece primero en la película.

Patio de chacales es un film interesante, con

un enfoque diferente sobre lo que fueron esos tiempos de represión. Hay, sin embargo, algunos cabos sueltos en el desarrollo de la historia: Raúl tiene una herida de bala en una pierna, lo cual no queda claro en qué circunstancias le fue causada; en otro momento, ya más involucrado en los sucesos que rodean la misteriosa casa vecina, intentará una acción ingeniosa para ayudar a una probable víctima de la represión, sin que haya mayor seguimiento, aunque evidentemente en las escenas siguiente uno descubre su resultado.



En suma, sin embargo, es una película que recomendamos por la buena combinación del género del thriller, con el trasfondo político del drama. Tanto Cantillana como Lewin entregan, además, sólidas y creíbles actuaciones.

Duración: 108 min.

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