22.10.13

FESTIVAL DEL NUEVO CINE: FILM MEXICANO SE LLEVÓ LA “LOBA DE ORO”

Crónica de Sergio Martínez

La 42ª edición del Festival del Nuevo Cine de Montreal (FNC) finalizó este pasado 20 de octubre, aunque el anuncio de los filmes ganadores de sus diversos premios se hizo la jornada anterior en una velada especial en que se exhibió el último film de Alejandro Jodorowsky, La danza de la realidad.

Como es habitual en este festival que tiene un carácter más alternativo que el Festival de Filmes del Mundo, pero al mismo tiempo tiene un enfoque menos internacional, con preferencia por el cine europeo y de América del Norte, trajo un ecléctica muestra de películas que intentan abrir nuevos caminos expresivos así como explorar temas muchas veces controvertidos.

Naturalmente, como siempre ocurre en este tipo de eventos, hubo cine de gran calidad como dos de las películas de realizadores canadienses: Triptyche (Tríptico) de Pedro Pires y Robert Lepage exhibida en la función inaugural, y Devil’s Knot de Atom Egoyan, que fue parte de la sección Presentaciones Especiales, en tanto que otras fueron de mediana o inferior calidad.
Triptyche de Pedro Pires y Robert Lepage uno de los
filmes canadienses de calidad presentados en el FNC

Triptyche presenta la historia de tres personajes, Michelle, una mujer que sufre de psicosis, su hermana Marie, una cantante de jazz, y Thomas, un neurocirujano alemán. La vida de los tres personajes se intercalan, pero no de un modo lineal, dejando lugar a que el espectador cierre algunas brechas por si mismo. Michelle y Marie son hermanas, Thomas que vive en Londres cuando conoce a Marie, que canta en un club de esa ciudad eventualmente se casa con ella. La narración también incluye referencias al pasado de las dos hermanas que serán claves importantes para las circunstancias del presente.

Devil’s Knot por su parte es basado en una historia real, el macabro asesinato de tres niños en una pequeña localidad de Arkansas, EE.UU. en 1993, y la consecuente atribución del crimen a tres muchachos que aparentemente participaban de un “culto satánico”. En los hechos, se trataba más bien de adolescentes poco convencionales que gustaban de la música de las bandas heavy metal. La dinámica del pequeño pueblo sin embargo, agregada a una policía deseosa de solucionar el caso aunque su investigación fuera deficiente, contribuirá a apilar evidencias dudosas en contra de los acusados que ya han sido condenados por la opinión pública, y quienes sólo cuentan con la ayuda de un investigador privado que ofrece sus servicios voluntariamente. El film de Egoyan transmite el suspenso y las dudas que el caso dejó de manera muy eficiente, manteniendo al espectador siempre interesado en el desenlace.

LOS PREMIOS
La Louve d’Or (Loba de Oro) o primer premio de este festival en la competencia de largometrajes, consistente en un trofeo y 15 mil dólares otorgado por el consorcio mediático Québecor, fue otorgado al film mexicano Heli dirigido por Amat Escalante.
 
Heli, film mexicano de Amat
Escalante ganó el primer 
premio en el FNC
Heli cuenta la historia de su protagonista homónimo quien vive en una aislada zona suburbana en un México plagado por la violencia y la droga. El joven padre de un bebé vive junto a su esposa, su padre y su hermana menor de 12 años. Este última está enamorada de Beto, un sujeto que es cadete de las fuerzas especiales que combaten la droga, cuya ambición por irse con la chica lo llevará a tentar la suerte con trágicos resultados los que no sólo lo arrastrarán a él sino también a la familia de su enamorada adolescente, incluyendo a Heli, quien al proceder a hacer lo que considera una correcta acción, será quien involuntariamente desencadene la tragedia.

El film tiene escenas fuertes y retrata bien el clima de violencia en la que muchos de los ciudadanos mexicanos viven inmersos, siendo victimizados tanto por los narcotraficantes como por las propias fuerzas del estado.

Otros ganadores de este festival fueron los siguientes:
Premio Especial del Jurado: In Bloom de Nana Ekvtimishvili y Simon Gross (Georgia-Alemania-Francia)
Premio Daniel Langlois a la Innovación: Miss Violence by Alexandros Avranas (Grecia)
Premio a la Interpretación (actor o actriz) en la Competencia Internacional: Samantha Castillo en Pelo Malo de Mariana Rondón (Venezuela)
Mención Especial (Competencia Internacional): L’inconnu du lac de Alain Guiraudie (Francia)
Premio de la AQCC (Asociación Quebequense de Críticos de Cine): L’escale by Kaveh Bakhtiari (Suiza-Francia)
Premio de la Sección Focus presentado por Air France: Gerontophilia dirigido por Bruce Labruce (Canadá)
Premio del Público Sección Temps Ø presentado por TFO: Why don't you play in Hell? dirigido por Sion Sono (Japón)
Lobo Plateado al Mejor Cortometraje: Mille soleils dirigido por Mati Diop (Francia)
Premio Focus al Mejor Cortometraje: Quelqu’un d’extraordinaire de Monia Chokri (Canadá)
Premio Creatividad presentado por MATV: Malody de Phillip Barker (Canadá)
Premio Innovación FNC Lab. Obras interactivas/Proyectos Web: Journal d’une Insomnie collective de Guillaume Braun, Bruno Choinière, Thibaut Duverneix y Philippe Lambert (Canadá).
Mención Especial FNC Lab. Obras interactivas/Proyectos Web: Last Room / Depli de Pierre Carniaux y Thierry Fournier

EL FILM DE CIERRE
Escena de La danza de la realidad de Alejandro Jodorowsky
El FNC llegó a su fin con la exhibición del último film del director chileno radicado en Francia, Alejandro Jodorowsky La danza de la realidad (co-producción Chile-Francia). Esperado ansiosamente por los seguidores de este hombre múltiple, para muchos un gurú con incursiones en la literatura, la historieta y lo que llama psicomagia, el film marcaba también un retorno de Jodorowsky como cineasta.

La danza de la realidad es una suerte de metáfora autobiográfica, esto es una re-creación, con los acostumbrados elementos surrealistas de Jodorowsky, del período de la infancia del cineasta junto a su padre Jaime y su madre Sara, ambos judíos de origen ucraniano y que se habían instalado en la ciudad costera de Tocopilla, en el norte de Chile. La figura del padre, un comerciante y a la vez dedicado comunista, admirador de Stalin, es presentada de un modo crítico, oscilando entre ser el autoritario padre y marido, para luego llegar al patetismo en su afán de matar al dictador de la época (comienzos de la década de los 30).

Por cierto Jodorowsky es uno de esas figuras artísticas que provocan admiración en muchos y rechazo en otros tantos. Esta película puede ser considerada por algunos como una obra maestra, otros en cambio la descartarán como una confusa sucesión de eventos. Apuntando a la película misma uno puede decir que tiene gran poesía y hay algo de ternura en medio de la aparente falta de calidez en la relación familiar que describe. Por otra parte sin embargo, Jodorowsky utiliza algunos recursos que no están claramente justificados en la construcción dramática de la historia y que probablemente están allí simplemente por su capacidad de choquear a la audiencia. Ese sería el caso de una escena—francamente innecesaria y chocante por lo vulgar—en que Sara orina sobre el cuerpo de su marido.

Con todo, La danza de la realidad es un film interesante de ver, en el caso que llegue a estrenarse comercialmente.

EL PRÓXIMO FNC

La 43ª edición del Festival del Nuevo Cine tendrá lugar entre el 8 y el 19 de octubre de 2014.

4.9.13

FESTIVAL DE FILMES DEL MUNDO: FILM POLACO GANA PRIMER PREMIO

El jurado presidido por el director checo Jiri Menzel otorgó el Grand Prix des Amériques a Chce Siez Zyc (Life feels Good/ La vie est belle), el Premio del Jurado fue para A Thousand Times Goodnight de Noruega, en tanto que la película turca Eve Donus Sarmakis 1915 (The Long Way Home/ Le longue chemin à la maison) fue la ganadora en la competencia de primeras obras. Film costarricense Puerto Padre obtuvo el segundo lugar en esta última competencia.
Crónica de Sergio Martínez

En general tanto el público como los críticos que asistieron a la Festival de Filmes del Mundo de Montreal se mostraron satisfechos con la calidad de las películas seleccionadas este año, tanto en las secciones competitivas como en las secciones fuera de concurso, mirada al cine del mundo y documentales. Por cierto es muy probable que las preferencias que uno como crítico pueda tener, no son siempre coincidentes con las del jurado. Nuestra preferencia para el premio principal iba por uno de dos filmes que considerábamos de gran factura: el belga Het Vonnis (The Verdict / Le verdict) del realizador Jan Verheyen; y por otro lado el film estadounidense The Red Robin (Le rouge-gorge) del director Michael Z. Wechsler.
37ª edición del

Al final Verheyen fue reconocido con el premio al mejor director pero su film no fue el galardonado, aunque se trataba de un muy bien logrado thriller judicial con importantes ribetes éticos también: Luc, ingeniero con un brillante porvenir, casado con una hermosa mujer, padre de una chica de 7 años asiste a una fiesta de la compañía para la cual trabaja y en la cual se perfila que sea quien suceda al presidente pronto a retirarse. A la salida, la mujer se baja del auto para comprar pan en una tienda automatizada, al entrar a ella es violentamente asaltada a punto que muere allí mismo, en el intertanto el marido, inquieto por la tardanza de su mujer va hasta la tienda y es también golpeado violentamente por el asaltante, la chica ve esto desde el vehículo, sale de él para ir donde su padre y en ese momento es atropellada por otro coche y muere instantáneamente. Ese es el comienzo del film, Luc, ya recuperado, reconoce al asaltante en el prontuario que le muestra la policía. Se trata de un delincuente habitual y peligroso. El sujeto es arrestado y su defensa la toma una abogada de la defensoría pública ya que como delincuente el tipo no tiene ingresos declarados. Empieza el juicio, pero para sorpresa de todos, por un error de procedimiento—la orden de arresto no fue firmada por el procurador general—el brutal asesino queda en libertad. A partir de ese momento, Luc piensa sólo en una cosa: tomarse revancha del asesino de su mujer e indirecto causante de la muerte de su hija. La mayor parte del film se centra a partir de entonces en el debate judicial y ético ¿hasta dónde puede alguien hacerse justicia por sí mismo?

The Red Robin por su parte es un bien hecho drama que aborda un quiebre en la relación familiar cuando Nathaniel Shellner, un veterano médico psiquiatra, reconocido por su trabajo científico, es confrontado por uno de sus hijos durante una reunión familiar, pues parece tener convincente evidencia de que habría utilizado algunas de las técnicas de control mental, en manipular la mente de sus propios hijos. El hecho que Shellner había trabajado con soldados que venían de Vietnam y luego había llevado su investigación al servicio de la CIA, tienden a ahondar la duda en todos los miembros de la familia. Hay sin embargo un nuevo vuelco que hace las cosas aun más imprevisibles. Shellner en un momento dice una frase que queda resonando: “Un monstruo que quiere a sus hijos y su familia, es de todos modos un monstruo…”

Los dos filmes canadienses en competencia (hubo otro que era co-producción con Francia) no dejaron una marca muy duradera, aunque Marcel Sabourin que hace el rol del padre senil en L’autre maison compartió el premio al mejor actor. De los dos filmes, L’autre maison dirigido por Mathieu Roy es el más rescatable, aunque su final con imágenes que aluden a un cierto misticismo fue innecesario. La maison du pêcheur de Alain Chartrand por su parte aunque bien recibida por cierto público, adolece de una falta de profundidad en el desarrollo de sus personajes. La película se ambienta en 1969, en Percé durante el verano, cuando un grupo de activistas nacionalistas intentan ganar adeptos entre los trabajadores locales. Chartrand sin embargo trata la trama de un modo maniqueo en el cual malos y buenos son presentados de un modo unidimensional. Los “buenos” por cierto son los activistas que al año siguiente protagonizarán un hecho de sangre: el secuestro y posterior asesinato del ministro Pierre Laporte, acción efectuada por el llamado Front de Libération du Québec (FLQ). Aunque los activistas en el film utilizan un lenguaje incendiario, en el fondo no tienen una formación política ni una mayor claridad. La superficialidad del compromiso revolucionario lo retrata muy bien el personaje de una chica universitaria que cuando le preguntan si volverá el año próximo, responde que no sabe porque si bien “la revolución está de moda ahora, no se sabe que estará de moda el año próximo…”
Guillermo Fallas, director de Puerto Padre, Zénit de Plata
(2º premio) en competencia de primeras obras

LA PRESENCIA LATINA
Como en otros años, hubo esta vez una interesante presencia de cine de América Latina así como de España. Dos filmes obtuvieron premios, La distancia más larga de Claudia Pinto Emperador fue votado como el mejor latinoamericano, en tanto que Puerto Padre de Gustavo Fallas obtuvo el segundo premio en la competencia de primeras obras. Workers, el film mexicano de José Luis Valle planteó un interesante paralelo en la vida de dos trabajadores, una la criada en la casa de una vieja dama que al morir deja toda su fortuna a su perra, el otro un aseador salvadoreño que al momento jubilar la compañía para la que trabaja descubre que en realidad él nunca regularizó su situación y como indocumentado no tiene derecho a pensión. Pese a que las historias son interesantes, su tratamiento narrativo no es muy exitoso y la película pudo beneficiarse de un mejor montaje. Tanta agua, un film uruguayo dirigido por Ana Guevara y Leticia Jorge aunque aborda una temática interesante, la de un padre divorciado que trata de conectarse emocionalmente con sus hijos a los cuales saca fuera de Montevideo por el fin de semana, termina siendo tedioso por una excesiva lentitud y deficiente edición.

De Brasil sin embargo vino un film sumamente interesante, A memoria que me contam (Memorias que me cuentan) de Lucia Murat y que se centra en las reflexiones e intercambios que tiene un grupo de revolucionarios de los años 60 que combatieron armadamente contra la dictadura y que ahora se reúnen con motivo de la enfermedad terminal que afecta a una carismática militante de ese tiempo. Haciendo un novedoso contrapunto entre la generación de los viejos militantes y la de los jóvenes hijos o novios de aquellos, el film aborda temas importantes en lo que fue la vida militante de ese tiempo, y por cierto llega a formular aquella pregunta que acosa siempre desde la sombra: ¿valió la pena? Sin duda un muy buen film.

Chile estuvo presente con un film de Esteban Larraín, La pasión de Michelangelo, basado en un real episodio durante la dictadura de Pinochet: el caso de un supuesto vidente, un muchacho de origen campesino que dice tener visiones de la Virgen y que en un momento dado es utilizado por el aparato propagandístico del régimen tanto para distraer la atención de la gente que ya en ese tiempo empezaba a montar protestas contra la dictadura, como para intentar validarse (la Virgen comunicaba que había que apoyar al gobierno militar). Un film que capta bien ese momento histórico y a su vez alude a las ambivalentes relaciones del muchacho con la Iglesia.

Puerto Padre, film costarricense en co-producción con México y dirigido por Guillermo Fallas se adentra también en la problemática social y familiar de un muchacho huérfano que llega a la localidad de Puntarenas en busca de trabajo. Acude donde su padrino, quien se revelará como un personaje con complicadas aristas. Un buen film que augura un buen futuro a su realizador.
 Claudia Pinto Emperador con parte de su equipo,
 al recibir premio como la mejor película latinoamericana
para su film La distancia más larga (Venezuela)


De España hubo un muy buen film en la competencia de primeras obras: Somos gente honrada de Alejandro Marzoa que alude de un modo muy agudo a la actual situación de crisis económica en España y como ella ha afectado a algunos empresarios medianos. Planteado como comedia, dos empresarios prácticamente arruinados que los fines de semana salen a pescar, en una de esas salidas encuentran un paquete flotando en la playa y cuando lo abren descubren que se trata de un cargamento de 10 kilos de cocaína de primera calidad. Después de ciertas dudas, deciden comercializarla, para lo cual ciertamente no tienen experiencia por lo que se asocian a un policía corrupto que dirigirá el trabajo. La mezcla de escenas cómicas y dramáticas de alguna manera retratan también la ambigüedad de la situación en que ambos—tipos honrados después de todo—se hallan.

Otro film español, un tanto inusual, ha sido El efecto K—El montador de Stalin dirigido muy imaginativamente por Valenti Figueres quien hizo también el guión con Helena Sánchez. Se trata de una fantasía creada en torno a un tal Maxime Stransky, a quien se lo presenta como íntimo amigo de Sergei Eisenstein y quien luego de incursionar en el cine se convierte en un agente secreto trabajando para los servicios de inteligencia de la URSS y en tal capacidad desempeñando importantes roles. El film es total ficción, sin embargo en base a referencias a hechos históricos como la crisis del 29, la guerra civil española y el asesinato de Trotsky, el realizador logra provocar una interesante reflexión sobre algo que pudo ocurrir en la misteriosa e imprevisible URSS de Stalin.

LO MEJOR, ESTE SOLO FILM JUSTIFICA EL FESTIVAL
Jiri Menzel, el celebrado director checo que tenía 28 años cuando hizo esa maravilla que fue Trenes rigurosamente vigilados (Oscar al mejor film extranjero en 1966) presidió el jurado del Festival de Filmes del Mundo, pero además trajo un gran regalo a Montreal, su más reciente film, Donšajni (Donjuanes) en el cual bajo el pretexto de hacer una suerte de crónica de los preparativos para montar la ópera Don Giovanni de Mozart por parte de una compañía en una pequeña ciudad checa, hace toda una observación minuciosa del arquetipo del Don Juan, mostrando sus lados simpáticos y de encanto así como los lados negativos de su personalidad y las consecuencias de sus actos. Al mismo tiempo hace una interesante referencia a la actual situación en su país en lo que hace a la atención que las nuevas autoridades y el nuevo sistema dan a la cultura. Este solo film justificaba haber estado en el Festival de Filmes del Mundo, se trató realmente de una obra maestra.

Y LO PEOR…

Aunque como señalamos en general la muestra del Festival de Filmes del Mundo de este año tuvo una mayor calidad que la de años anteriores siempre hay algunas películas que uno queda preguntándose cómo es que llegan a ser seleccionados, incluso uno puede preguntarse cómo es que llegan a hacerse… En nuestra propia evaluación si hemos de apuntar al film más malo de todo el Festival el “galardón” habría que dárselo al italiano L’amore e imperfetto (El amor es imperfecto) y parafraseando el título uno tendría que decir que la película es también imperfecta, más que eso, mal editada y con una historia descabellada. L’amore e imperfetto fue dirigido por Francesca Muci y estuvo en la competencia de primeras obras. Bueno, siendo así ojalá que la signora Muci quede ahí en sus afanes de hacer cine y no nos trate de endilgar una “segunda obra”. El film transcurre en dos períodos de tiempo, el presente y lo que ocurrió ocho años antes a la protagonista Elena, una bien parecida mujer de 35 años que luego de haber sido dejada por su anterior amor, en el presente se halla de pronto en la disyuntiva de dos relaciones muy diferentes, una con un hombre un poco mayor que ella y la otra con una jovencita mimada, neurótica y que era insoportable hasta para sus padres. Cómo Elena puede siquiera verse entregada a esa artificiosa relación lesbiana hace la historia completamente implausible. El montaje es a menudo abrupto y no siempre es fácil seguir la narrativa de por sí enredada. Fue sin duda lo peor del Festival.

Y LOS GANADORES
Gran Premio de las Américas:
Chce Siez Zyc (Life Feels Good / La vie est belle) de Maciej Pieprzyca (Polonia)
Premio Especial del Jurado: A Thousand Times Goodnight de Erik Poppe (Noruega)
Mejor Director: Jan Verheyen por Het Vonnis (The Verdict / Le verdict) de Bélgica
Mejor Actriz: Jördis Trebel por Westen (West) de Alemania
Mejor Actor (compartido): Marcel Sabourin (L’autre maison, Canada) y Peter Plaugborg (The Miracle, Dinamarca)
Mejor Guión: Maksim Panilof y Andrei Osipov por Ivan Son of Amir (Rusia)
Mejor Contribución Artística (compartido): Ask This of Rikyu de Mitsutoshi Tanaka (Japón) y Landes de François-Xavier Vives (Francia)
Premio a la Innovación: Feed Me de Yazhou Yang y Bo Yang (China)
Mejor Cortometraje: Help! De Jean Marboeuf (Francia)
Premio del Jurado: Wolsmelk de Hans Vercauter (Bélgica)
Zénits por las Mejores Primeras Obras
Oro:
Eve donus Sarkamis (The Long Way Home / Le longue chemin à la maison) de Alphan Eseli (Turquía)
Plata: Puerto Padre de Guillermo Fallas (Costa Rica-México)
Bronce: Finsterworld de Frauke Finsterwalder (Alemania)
Premios del público
Film más popular: Chce Siez Zyc (Life Feels Good / La vie est belle) de Maciej Pieprzyca (Polonia)
Film canadiense más popular: L’autre maison de Mathieu Roy
Premio Glauber Rocha para el mejor film latinoamericano: La distancia más larga de Claudia Pinto Emperador (Venezuela)
Mejor documental: Wagnerwahn (Los archivos de Wagner) de Ralf Pleger (Alemania)
Mejor cortometraje canadiense: 30-Love de Richard Stark
Premio de Fipresci (Jurado de la prensa cinematográfica internacional)
Competencia oficial: Westen (West) de Christian Schwochow (Alemania)
Primeras obras: Eve donus sarkamis (The Long Way Home) de Alphan Eseli (Turquía)
Premios del Jurado Ecuménico Chce Siez Zyc (Life Feels Good / La vie est belle) de Maciej Pieprzyca (Polonia)
Menciones especiales: A Thousand Times Goodnight de Erik Poppe (Noruega) y The Ferry de Shi Wei (China).

La 38a edición del Festival de Filmes del Mundo tendrá lugar el próxima año entre el 21 de agosto y el 1º de septiembre.

30.8.13

FESTIVAL DE FILMES DEL MUNDO

LA LANGUE À TERRE: LOS ANGLOS Y LOS INMIGRANTES SON LOS VILLANOS

Comentario de Sergio Martínez 

Despertar polémica es uno de los efectos secundarios del Festival de Filmes del Mundo, junto por cierto al objetivo central de presentar una muestra de cine mundial de buena calidad. En el ánimo de levantar polémica sin duda el film La langue à terre de los realizadores Jean-Pierre Roy y Michel Breton (Canadá, 2013) ha cumplido las expectativas que éstos pudieron haber tenido.

Básicamente, su película se funda en una premisa central: después de casi cuarenta años de haberse dictado la Ley 101 que hizo del francés la lengua oficial de la provincia de Quebec, este idioma hablado por la mayoría de su población se hallaría aun en peligro. Peor aun, diversos factores, desde la acción de los órganos políticos del estado canadiense, pasando por cierta inacción de las propias autoridades provinciales en Quebec, sumado al activismo de algunos en la minoría anglófona y sobre todo la supuesta tendencia de los inmigrantes a sentirse atraídos por el idioma inglés, estarían erosionando el carácter francés de la provincia, especialmente en Montreal. El documental está narrado de un modo convencional, intercalando una gran cantidad de entrevistas con material de archivo y con algún material nuevo principalmente centrado en algunos manifestaciones tanto de grupos pro-separación como anglófonos. El observador medianamente informado sin embargo podrá constatar que la premisa sobre la cual los autores han basado su documental es no sólo cuestionable, sino en realidad contradice los informes de los propios organismos de Quebec que indican que en los últimos años la utilización del francés en todas las esferas de la vida social de la provincia, esto es, lugar de trabajo y espacios públicos de intercambio, ha aumentado.

La premisa sobre la cual los directores levantaron su andamio para denunciar el supuesto peligro en el cual se hallaría la lengua francesa es falsa, refutada por las propias estadísticas oficiales. Para Roy y Breton (y muchos de sus entrevistados) por cierto hay un villano mayor, los anglófonos, pero a ellos agregan otro más: los inmigrantes. En estricto sentido el término “inmigrante” en muchos casos puede ser errado ya que alude a gente que si bien llegó a este país desde otros lugares del globo, ya ha adquirido la ciudadanía canadiense y por tanto sus miembros son ciudadanos, en teoría, con tantos derechos y deberes como los señores Roy y Breton. La langue à terre presenta a los inmigrantes (alófonos, esto es gente cuya lengua materna no es ni el francés ni el inglés, como nosotros los hispanoparlantes) de una manera caricaturesca: lo hace con los italianos que en los años 70 en el barrio de Saint Leonard protagonizaron actos de protestas contra la Ley 101 en relación a cómo ella podía afectar a la educación de sus hijos, así como en otras escenas donde los inmigrantes o étnicos son mostrados: una chica de rasgos orientales por ejemplo en una misma escena donde afiches anunciando productos en inglés son vistos (obviamente al presentar esas escenas juntas se intenta asociar en la mente del espectador una asociación entre inmigrante y lengua inglesa), lo hace también cuando mientras se habla de los supuestos riesgos a la cultura y lengua francesa en Quebec, en la imagen se muestran escenas de mujeres que lucen el velo musulmán. Pasando por alto que—errados o no—los italianos que manifestaron en Saint Leonard tenían todo el derecho a hacerlo, como los que lo hacen en defensa de la lengua francesa, el film se deleita en entregar una visión sesgada y a ratos incluso malintencionada no sólo de los alófonos o inmigrantes, sino incluso de aquellos que siendo separatistas intentaron tender puentes hacia las minorías, como Lucien Bouchard.

 En todo caso es curioso que los realizadores se hayan cuidado en sus diatribas contra los inmigrantes y las minorías étnicas de no apuntar a la comunidad judía, a pesar que quebequenses de ese origen han sido habituales críticos de muchas de las medidas lingüísticas implementadas contra las minorías en la provincia. Ciertamente deben haber temido ser tildados de anti-semitas, aunque entre los entrevistados incluyen a Yves Michaud que hace unos años sí atacó a ese grupo étnico, pero eso sí no tienen problema en lanzarse contra otras minorías como orientales, italianos y musulmanes.

El problema que también trasunta el film, es el incremento en el tipo de demanda que se hace sobre los inmigrantes. En los hechos la inmensa mayoría de los inmigrantes y étnicos en Quebec, hoy habla francés, pero siempre hay quienes quieren levantar la barra aun más: no basta con hablar francés en el trabajo, también hay que hacerlo en los intercambios casuales en la calle y—algunos hasta quieren llegar al extremo—en el hogar. Pero esto es una noción absurda que no toma en cuenta una verdad muy obvia: un alófono, digamos un hispanoparlante, va a hablar francés, sin duda, porque eso le permite trabajar aquí, sobre ello no hay discusión, pero pedirle a ese inmigrante que piense como quebequense francés es pedir algo imposible, más aun es hacer una exigencia que trasgrede derechos humanos fundamentales. Como comunicador trabajando aquí y transmitiendo sus mensajes a gente principalmente hispanoparlante quien escribe estas líneas siempre ha dicho a las familias latinas: por cierto aprendan francés, pero en la casa hablen español con sus hijos, hagan todo lo posible porque los hijos mantengan una funcionalidad en español, y por cierto también estimulen—si es que es necesario porque los jóvenes igual se motivan por la música popular y el Internet—a que sus hijos aprendan inglés porque ello les va a beneficiar posteriormente en conseguir un mejor trabajo. ¿Hay alguien que racionalmente pueda objetar a tal línea de acción? Es aquí donde los realizadores de La langue à terre demuestran total ignorancia de las motivaciones de los inmigrantes al venir aquí. Aquí uno aprende francés porque ciertamente es necesario, pero los inmigrantes y sus familias tienen en mente objetivos que no son los mismos que los de aquellos franco-quebequenses de ideología nacionalista. Los inmigrantes, muy legítimamente, quieren progresar ellos mismos y sus hijos, y para ello, gústele a no a algunos quebequenses que parecen no haber salido nunca de esta provincia, el aprendizaje del inglés es importante, como es—en el caso de los hijos de los hispanoparlantes—el retener el uso y conocimiento del idioma español (en los hechos el español es después del inglés y el chino mandarín, el tercer idioma más hablado en el mundo, con mayor presencia en el Internet y las redes sociales; lo que—en términos objetivos—le da incluso una mayor importancia internacional como lengua de uso en el comercio que el francés, que es quinto después del portugués en términos de presencia internacional, saber español puede por tanto ser un punto a favor para un muchacho o muchacha buscando trabajo en alguna empresa). Y en relación a esto no deja de haber cierta hipocresía también: nosotros sabemos que la mayoría de esas mismas elites québécoises que durante la exhibición de La langue à terre aplaudían sus afirmaciones, por otro lado han tomado buen cuidado de aprender inglés y preocuparse de que sus hijos también lo hagan. Pero claro está, preferirían que los hijos de los inmigrantes no lo hicieran, ¿revelan con ello que lo que quieren es mano de obra barata?

 De cualquier modo, ver La langue à terre es de alguna manera una buena cosa y habla bien del Festival de Filmes del Mundo al dar la posibilidad de discutir un tema (como también lo hacen otros filmes en relación a otros problemas en el mundo) y de rebatir también las afirmaciones más grotescas que se hacen en el film, como la que hace uno de los entrevistados que es presentado como escritor, aunque no mayormente conocido, y que en un momento incluso critica que haya servicios en inglés como en la educación y la salud, afirmando que todo debería ser sólo en francés. Bueno, al oír eso hay que respirar hondo, me parece estar escuchando al general Pinochet en el país de origen de quien escribe estas líneas, porque eso ciertamente no es otra cosa que fascismo, como fanatismo pueril es lo que plantea un tal Biz de un grupo de rock que dice que jamás habla inglés en Montreal. Give me a break! Esa es una soberana tontería que afortunadamente no es compartida por la inmensa mayoría de québécois y québécoises de muy buena onda con quien este cronista tiene la oportunidad de compartir cada día en el supermercado, el restaurante o la boletería del metro y que en más de treinta años aquí rara vez ha tenido problema en ser atendido cortésmente en la lengua inglesa, no porque quiera provocar a nadie sino porque como muchos inmigrantes esa fue la lengua que manejó primero y con la cual se maneja más confortablemente (y que por supuesto, cuando encuentra que la persona que atiende al otro lado, posiblemente alguien del interior de la provincia, no se siente cómodo en inglés; operando con el mismo principio de cortesía no tiene problema en cambiar a la lengua francesa, este cronista es trilingüe). Estos son los principios de tolerancia y buena voluntad a los que—afortunadamente—la mayoría de los québécois en Montreal adhiere, lejos de la paranoia cultural, la inseguridad lingüística y hasta cierto complejo de inferioridad, que los autores de este film quieren instalar en las mentes de los québécois, que creo que afortunadamente no conseguirán, lo que hará de La langue à terre una simple curiosidad fílmica sin mayor valor ni como cine ni como propuesta política.

 La langue à terre, se exhibe nuevamente en el Festival de Filmes del Mundo el sábado 31 de agosto a las 16:40 hrs. en el Quartier Latin 9

13.6.13

El HOMBRE DE ACERO: EL MITO VUELA NUEVAMENTE

Comentario de Sergio Martínez

Desde la antigüedad los mitos han sido contados una y otra vez. Siguiendo esa tradición Man of Steel (Hombre de acero) dirigido por Zack Snyder pone en la pantalla una narración actualizada  de los orígenes de Superman conservando la idea básica pero introduciendo algunas importantes variaciones—un golpe militar dirigido por el general Zod poco antes de la destrucción del planeta Kriptón—y recurriendo extensamente a los efectos visuales que por lo demás encajan bien en el formato 3D del film. Superman es por cierto uno de los más grandes mitos de la cultura popular norteamericana, el primer relato de su origen se hace en el número uno de la revista de historietas Action Comics de junio de 1938. La misma historia fue recontada en la serial de los años 40 y posteriormente en la exitosa versión de 1978 que dirigió Richard Donner y que marcó el debut de Christopher Reeve en el rol del súper héroe.

Ahora al evaluar esta nueva versión de los orígenes de Superman uno debe enfocar dos aspectos principales: cómo se presenta el mito en términos de la trama misma, la capacidad de la narrativa de introducir al espectador en la película, y cómo la historia se concreta en términos de la actuación, fotografía, efectos visuales, música, etc.

En relación al primer aspecto aunque las bases de la historia están allí, en Man of Steel hay más énfasis sobre las dificultades que Superman (Henry Cavill) enfrenta como alguien que ha crecido en la ficticia Villachica, y que enfrenta también el riesgo de ser discriminado por sus extraños poderes. En su etapa infantil (Cooper Timberline lo encarna a la edad de 9 años y Dylan Sprayberry lo hace cuando tiene 13) Clark Kent ya ha experimentado situaciones complicadas y sus padres adoptivos Jonathan Kent (Kevin Costner) y Martha (Diane Lane) quieren protegerlo de quienes pudieran verlo como “bicho raro”. De algún modo este es un comentario sobre las actitudes prejuiciadas que la mayoría de los estadounidenses tienen en relación a quienes son o actúan de manera diferente. Hay sin embargo un aspecto que aquí es casi por completo abandonado, el de la secreta doble identidad Clark Kent-Superman, en los hechos Lois Lane (Amy Adams) conoce el secreto, esto le roba a la historia uno de sus elementos semi-cómicos: Clark Kent el reportero que oculta su otro yo por el simple expediente de llevar anteojos.

La ya mencionada variación de la historia aunque de alguna manera cambia las circunstancias de la destrucción de Kriptón, por otro lado se transforma en un aspecto esencial de la trama, ya que ello desencadenará un conflicto de proporciones épicas, cuando el general Zod (Michael Shannon) y sus seguidores, en especial su lugarteniente Faora (Antjie Traue) desciendan sobre la Tierra para exigir que le entreguen a Kal-El (el nombre dado a Superman-Clark Kent en su nativo Kriptón) e intenten cumplir una misión que pondrá a Superman en un difícil dilema.

Henry Cavill encarna el mítico súper héroe
En cuanto al segundo aspecto, Man of Steel es una convincente película de acción, el despliegue gráfico de la destrucción de Kriptón y especialmente las escenas de combate entre Superman y sus enemigos son impresionantes y realistas, lo que la filmación en 3D acentúa aun más. El británico Cavill por otro lado, presenta un interesante perfil de Superman, diferente de la imagen más lúdica que ofrecieron Reeve o Brandon Routh, que encarnaron al personaje en filmes anteriores. Cavill, el primer no-estadounidense en representar al emblemático súper héroe, le da un carácter más enrabiado y fiero al personaje. Amy Adams en el rol de Lois Lane sin embargo no logra darle al personaje las características inquisitivas y la temeridad casi irresponsable que le dio Margot Kidder en las primeras películas, una lástima considerando que Amy Adams es en verdad una actriz talentosa, pero en este caso su rol es muchas veces un agregado, alguien “que tenía que estar allí” pero que no añade gran cosa. Además—aunque esto puede
Michael Shannon como el villano, el general Zod
ser efecto de la 3D—la actriz ni siquiera aparece muy atractiva y hasta pareciera haber ganado peso. Otro aspecto que uno echa de menos: falta una música incidental como la que creara tan brillantemente el compositor John Williams para la versión de 1978. En contraste, la música que para este film compuso Hans Zimmer es totalmente olvidable.

Man of Steel es una película que a pesar de las dudas respecto de las variaciones introducidas a la historia original, es una adecuada manera de introducir a las nuevas generaciones a este clásico de la cultura popular norteamericana, especialmente por el buen despliegue visual; en cuanto a las generaciones mayores, esta versión vale la pena verla por lo que decíamos al comienzo: siempre es interesante ver diferentes versiones de un viejo mito.

Duración: 148 minutos

4.5.13

UN REMARCABLE FILM CANADIENSE

STILL MINE. Canadá, 2012. Escrito y dirigido por Michael McGowan

Sin saber si Still Mine fue rodado antes o después del aclamado film Amour, el tema del amor en el crepúsculo de la vida es el mismo. Sin hacer comparación alguna, se puede afirmar que este film canadiense de Michael McGowan es de gran calidad al ilustrar con sobriedad y máxima sutileza el indisoluble lazo afectivo vigente entre dos personas ancianas después de haber compartido toda una vida en común. Además, al igual que en el film de Michael Hanecke, queda reflejado que aún en los momentos más dramáticos en que la vida puede golpearnos, lo más valioso es el amor que une a dos personas, ratificando una vez más que ese noble sentimiento es posiblemente la razón principal que justifica nuestra existencia.

Basado en una historia verdadera el director la ha vertido en un estupendo guión. La acción que transcurre en una zona rural de St. Martins, New Brunswick, presenta a Craig Morrison (James Cromwell), un granjero de 89 años de edad casado por más de 60 años con Irene (Geneviève Bujold) de edad similar. Desde la primera imagen en que se los contempla no queda duda alguna sobre el profundo sentimiento afectivo que los une. Sin embargo, la salud de Irene comienza a deteriorarse con señales evidentes de senilidad mental; precisamente por esa razón, y teniendo en cuenta que la morada donde habitan necesita grandes reparaciones, su marido ha decidido utilizar la parcela de tierra que dispone para construir otra vivienda que resulte más adecuada y confortable para que ambos puedan vivir el tiempo que les queda.

James Cromwell y Geneviève Bujold
Con la candidez que lo caracteriza y sin pensar en los inconvenientes que podrían sobrevenir, Craig como experimentado carpintero decide implementar su proyecto utilizando sus propios materiales, sin imaginar los contratiempos que deberá atravesar. Cuando la construcción se encuentra en sus primeros estadios recibe la visita de un inspector municipal (Jonathan Potts) que lo insta a detener la obra por cuanto no cuenta con el permiso reglamentario pertinente así como hasta llega también a ser cuestionado por el tipo de madera utilizada. Tenaz y persistente, el buen hombre entiende que lo que hace es dentro de su propio dominio y con toda obstinación decide proseguir con la construcción hasta que la disputa con las autoridades llega al punto en que es llevado a juicio con el riesgo de tener que ser encarcelado por su obstinada actitud.

La excelente forma en que el relato es narrado permite que el espectador se involucre totalmente con el desarrollo de los hechos y por supuesto que tome partido con Craig a pesar de la ilegalidad del procedimiento. Pero más allá de la anécdota central narrada, donde los valores tradicionales y simples de gente humilde trabajadora colisionan con la modernidad y el aparato legal vigente que debe ser respetado, el corazón del film reside en la interacción que durante todo este proceso se produce en la pareja. Algunas situaciones naturalmente graciosas atenúan el drama real, pero eso no excluye a remarcar la comunicación y el cariño existente entre Craig y su amada esposa que se manifiestan a través de los gestos, miradas y conversaciones que lejos de banales están impregnadas de gran sinceridad al abordar algunos tópicos urticantes como el de la muerte.

Con todo el mérito que le cabe al realizador, el haber logrado un film tan cálido y humano es debido a la extraordinaria caracterización lograda por Cromwell y Bujold. Es imposible determinar quién es mejor que quién; verlos actuar es realmente un placer porque uno se olvida que está juzgando a actores para sumergirse por completo en Craig e Irene. Estos gigantes de la actuación subliman una maravillosa historia de amor donde a pesar de los sinsabores que la vejez pueda producir en el deterioro físico de una persona, constituye una celebración de la vida.

Conclusión: Un estupendo film canadienseJorge Gutman

EL RETORNO DEL HOMBRE DE HIERRO

IRON MAN 3. Estados Unidos, 2013. Un film de Shane Black. Elenco: Robert Downey Jr, Gwyneth Paltrow, Rebecca Hall, Guy Pearce, Ben Kingsley, Don Cheadle, Jon Favreau

Los amantes de superhéroes están de parabienes con esta nueva entrega de los estudios Marvel. Aunque Iron Man 3 no constituye más que una variación sobre el mismo tema, lo cierto es que esta tercera parte, fluidamente dirigida por Shane Black, aplica fórmulas conocidas pero efectivas que cimentaron la popularidad del héroe de hierro en los dos capítulos precedentes.

¿Qué es lo que cuenta la historia co-escrita por el realizador y Drew Pearce? El prólogo del film muestra al superhéroe Tony Stark (Robert Downey Jr.) en una secuencia romántica con la científica Maya Hansen (Rebeca Hall) que tiene lugar en Berna en 1999; eso permite impulsar el desarrollo de la acción que se traslada al tiempo actual. Tony en principio parece tenerlo todo, siendo un poderoso magnate y dueño del emporio de armamentos de las industrias Stark, él aporta su intelecto y su novia Pepper Potts (hermosa y radiante Gwyneth Paltrow) la maneja con gran eficiencia. Con todo, el individuo está un tanto extenuado, sufre de recurrentes pesadillas y ataques de pánico, se siente vulnerable y además debe convivir fuera de su traje metálico dado que debido a dificultades técnicas las diferentes partes que lo componen pueden ser adheridas a su cuerpo a través de control a distancia. Frente a estas condiciones, ¿le será posible volver a ser el superhéroe de los viejos tiempos?

Todo a su tiempo, las circunstancias quieren que Tony deba enfrentar a más de un villano. Por un lado se encuentra el enemigo público de Estados Unidos (excelente interpretación de Ben Kingsley) apodado El Mandarín, con todas las características de un caricaturesco Bin Laden, difundiendo videos que provocan el pánico en la población como consecuencia de una serie de atentados terroristas; por el otro, el otro enemigo es Aldrich Killian (Guy Pearce), un experto en biogenética pero mentalmente desequilibrado que configura otra fuente de peligro público. He ahí la gran oportunidad para que Tony pueda demostrar su ingenio y habilidad de superhéroe capaz de salvar al mundo y al presidente de los Estados Unidos, contando en este caso con la colaboración de un prodigioso niño (Ty Simpkins).
Robert Downey Jr.
Aunque el contenido dramático no está ausente del relato, el film es fundamentalmente una comedia de acción, donde su trama está plagada de situaciones humorísticas que funcionan muy bien dentro del contexto propuesto por el guión. Si bien la película está hecha a la medida de Downey Jr, quien sin duda aporta presencia carismática como el simpático megalómano llamado a derrotar a los villanos de turno, no menos cierto es que el resto del elenco se desempeña muy bien aportando entusiasmo a los personajes bien descriptos que les toca animar.

De ningún modo el film es profundo ni tampoco pretende serlo; sin embargo despliega simpatía suficiente como para ser disfrutado por quienes son adictos a las sagas cómicas de Marvel, como en el presente caso. Sea a través de la proyección en tercera dimensión o bien en 2D el público tiene ocasión de presenciar algunas escenas verdaderamente espectaculares, donde una de ellas –excelentemente lograda- tiene lugar en la operación de salvataje que se produce dentro del avión presidencial de los Estados Unidos.

Teniendo en cuenta que la tendencia general es abandonar la sala cuando comienzan a proyectarse los créditos finales de un film, en este caso se recomienda aguardar los 10 minutos que abarca el cierre de Iron Man 3 para encontrarse con una escena de yapa donde aparece Stark frente a un supuesto psicoanalista (Mark Ruffalo); el contenido de esa conversación, como toda sorpresa, no merece ser revelado pero en todo caso resulta ingenioso.

Conclusión: Un film de acción y aventuras bien realizado que configura un buen entretenimiento para los adictos al género de superhéroes.  Jorge Gutman



EL PODER DE LA IMAGINACION

DANS LA MAISON. Francia, 2012. Un film escrito y dirigido por François Ozon

Lo que se aprecia en Dans la maison es realmente algo tan extraño como apasionante que supera a cualquier obra de ficción. François Ozon ha articulado un thriller psicológico que se caracteriza por la manera inteligente en que está estructurado de manera tal que moviliza constantemente al espectador al mantenerlo en un placentero suspenso sobre qué es lo que ocurrirá después. De ninguna manera predecible, este magnífico trabajo demuestra hasta qué punto la imaginación puede conducir a niveles insospechables dentro del marco de un drama decididamente misterioso y subversivo.

Basado en una pieza de Juan Mayorga El Chico de la Última Fila, el guión de Ozon presenta a Germain (Fabrice Luchini), un profesor de literatura de escuela secundaria a la vez que escritor fracasado. Casado con Jeanne (Kristin Scott Thomas), una mujer un tanto frustrada que está a cargo de una galería de arte, no hay mucho que pueda entusiasmar o excitarlo teniendo en cuenta que los métodos educacionales del colegio donde enseña no producen estímulo en sus alumnos quienes evidencian una completa falta de cultura; todo cambia, cuando inesperadamente descubre que Claude (Ernst Umhauer), uno de sus estudiantes de aspecto tímido, ha preparado un interesante trabajo literario que la clase había sido asignada a realizar sobre cómo ha transcurrido el fin de semana. Germain queda gratamente sorprendido al apreciar un excelente estilo de escritura de su discípulo además del contenido de su composición el cual concluye con el agregado “continuará”. Su tema está basado en las observaciones de Claude sobre lo que acontece en un hogar de clase media al que pertenece Rapha (Bastien Ughetto), un compañero de clase, viviendo con su madre (Emmanuelle Seigner) y su padre (Denis Menochet); la incursión de Claude ha sido posible porque Claude utilizó el pretexto de ayudar a Rapha en tareas de matemáticas realizadas en su domicilio.

Después de compartir la lectura de trabajo con su esposa, el profesor se encuentra en una situación ambigua porque por un lado advierte el riesgo que significa permitir a que su brillante alumno actúe como intruso en un hogar ajeno describiendo sus intimidades, pero por el otro se siente atrapado a través de las sucesivas crónicas que el joven va produciendo, que podrían asemejarse a las de un experimentado libretista que escribe una telenovela de varios capítulos donde cada uno de los mismos deja abierto el suspenso de cómo continuará su trama. El asunto se complica más cuando queda claro que el muchacho se siente fuertemente atraído por la madre de Rapha.


Fabrice Luchini y Kristin Scott Thomas

Esta historia cautiva por varias razones. En primer lugar queda claro que el “inocente” Claude, además de versado escritor es un perfecto manipulador con respecto a quienes le rodean. Aunque el profesor cree mantener una actitud independiente guiando a su discípulo en el arte de la literatura, queda claro que en este proceso es él quien queda absorbido en el proceso dado que Claude le suministra los detalles que él está ansioso de llegar a conocer. En segundo término, el juego propuesto por Ozon apasiona porque en el fondo subsiste la duda si lo que se ve en pantalla responde a la realidad de lo que acontece o son fabulaciones que discurren en la mente del alumno.
 

En este juego de verdades y/o mentiras, el gran ganador es el público que siempre se mantiene medio paso atrás de lo que vendrá; esto es así, porque posiblemente el propio Claude ignora sobre cómo continuará el desarrollo de esta perversa pero genial historia.

Simultáneamente con la trama central, no deja de despertar interés el modo en que el proceso descripto afecta y moldea de algún modo la vida conyugal de Germain y su esposa.

Este film que de algún modo trae a la memoria el genial trabajo de Hitchcock en Rear Window (La Ventana Indiscreta) puede que para algunos espectadores no provea las respuestas que desearían obtener. Con todo, nadie negará la ingeniosidad del relato que obliga al público a sumergirse con placer en el proceso creativo del adolescente, la remarcable dirección de Ozon así como el excelente nivel profesional de Luchini, Scott Thomas, Seigner y muy en especial la del joven Umhauer que constituye la gran revelación del film por su sobria y medida caracterización del habilidoso titiritero de esta historia.

Conclusión: Una excelente comedia turbia muy bien narrada y altamente imaginativa que entretiene del principio al fin.  Jorge Gutman

26.4.13

UNA BUENA COMPAÑIA

THE COMPANY YOU KEEP. Estados Unidos, 2012. Un film de Robert Redford

Robert Redford regresa en su doble condición de director y actor en un drama político imbuido de suspenso que aunque un poco lento en su desarrollo deja no obstante un saldo positivo.

Las décadas de los años 60 y 70 se caracterizaron por la existencia de movimientos de izquierda antibélicos de violenta actuación donde uno de los mismos era el denominado Weather Underground en los Estados Unidos, que aunque nunca existió realmente sirve para impulsar la historia aquí planteada.

Basado en la novela del mismo nombre de Neil Gordon, el prólogo de The Company You Keep exhibe material de archivo de noticias de la televisión de esa época del mencionado movimiento clandestino que amenazaba volar edificios en numerosas ciudades americanas; también se llega a saber que el grupo había robado un banco en Michigan matando a un agente de seguridad. La acción inmediatamente se traslada a la hora actual donde después de varias décadas Sharon Solarz (Susan Sarandon), que estuvo envuelta en el robo mencionado es arrestada por la policía. Asignado para cubrir la nota sobre lo ocurrido, el joven periodista Ben Shepard (Shia LaBeouf) de un periódico de Albany comienza a considerar el caso que lo lleva a vincularse con Jim Grant (Robert Redford), un honorable abogado viudo de la misma ciudad que vive con su hijita Isabel (Jackie Evancho) de 11 años. Cuando Ben, indagando en el pasado de Jim llega a descubrir que su verdadera identidad es Nick Sloan y que aparentemente también participó en el asalto bancario, al revelar esa información comienza una despiadada cacería por parte del FBI que obliga al abogado a tener que huir en forma precipitada no sin antes dejar a Isabel en manos de su hermano (Chris Cooper) que reside en Nueva York.

El guión de Lem Dobbs presenta una historia que a medida que se va desarrollando se vuelve más densa y complicada. Por un lado se presencian los desplazamientos de Sloan a través de diferentes lugares de Estados Unidos, ansioso en tratar de esclarecer su inocencia antes de ser aprehendido por las autoridades; así irán apareciendo varias figuras que en el pasado estuvieron ligadas a él y que además de Solarz incluye a su ex mujer (Julie Christie), un respetado profesor de historia (Richard Jenkins) y un amigo leal (Nick Nolte). Simultáneamente, se sigue la labor detectivesca de Ben quien se encuentra firmemente decidido a continuar su investigación, a pesar de la reluctancia de su jefe (Stanley Tucci) y de algunos obstáculos que encuentra en el camino por parte del FBI; su propósito es tratar de unir varios hilos sueltos que van surgiendo con relación al verdadero rol que le cupo a Sloan en sus años de activista, a fin de determinar la verdad de lo que ha ocurrido para llegar a producir un informe esclarecedor.

Aunque en esencia este drama trata de determinar la inocencia de un individuo perseguido, el material ilustra situaciones donde los principios éticos y/o morales entran en juego. Así resulta de gran interés comprobar que muchos de los ex compañeros de Sloan aún se mantienen identificados con los ideales de antaño sin manifestarse arrepentidos; esa situación queda muy bien reflejada cuando Sharon –en una de las íntimas y mejores escenas del film- al ser entrevistada en el centro de detención por Ben manifiesta que dada las circunstancias ella volvería a actuar como lo hizo treinta años atrás porque “el gobierno estaba matando a millones” (alusión a Vietnam). De este modo, aunque no se lo proponga de manera directa, el relato deja amplio margen para reflexionar hasta qué punto la violencia anárquica puede ser legítimamente válida como expresión de disenso.

Sólidamente dirigido por Redford, también se destaca como actor, aunque exceda en edad al personaje que le toca encarnar; por su parte, LaBeouf, como el co-protagonista del film, cumple airosamente con su cometido animando al ambicioso reportero. El resto del elenco integrado en su mayor parte por nombres de la vieja ola, convence ampliamente en la composición de sus respectivos roles.

Conclusión: Un buen thriller que sin llegar a un nivel de alta tensión satisface ampliamente como legado de los ideales del radicalismo activista de la segunda mitad del siglo pasado. Jorge Gutman

Robert Redford

VISUALMENTE BELLO PERO CARENTE DE EMOCION

TO THE WONDER. Estados Unidos, 2012. Un film de Terrence Malick

Así como aconteció con The Tree of Life (2011), Terrence Malick ratifica en To the Wonder, su notable capacidad para ofrecer imágenes de sorprendente belleza visual. Sin embargo, la diferencia con su film precedente radica en que en este caso, el estilo poético empleado está al servicio de una narrativa de ensoñación de la vida a través de fragmentos y/o extractos sueltos que prácticamente no conducen a un puerto de destino específico; en consecuencia, la inercia se apodera del espectador, sobre todo cuando considerable parte del relato se realiza a través de la voz en off y lo que se transmite o cuenta parecería como si se estuviera escuchando susurros de ultratumba.

Olga Kurylenko y Ben Affleck
Utilizando en parte material de su film precedente, Malick centra su relato en Neil (Ben Affleck) y su amada Marina (Olga Kurylenko) deambulando por las calles de París. Ella tiene una hija –Tatiana (Tatiana Chiline) de 10 años de una anterior relación- y la niña parece acomodarse bien a la relación de su madre con su pareja. Al poco tiempo, el trío se traslada a Oklahoma en los Estados Unidos donde Neil ha aceptado un trabajo como ingeniero ambiental en una compañía minera. Inesperadamente, el interludio romántico de la pareja parece esfumarse y cuando Marina encuentra que su visa expira y Neil no se encuentra capacitado para asumir un compromiso más serio, ella decide regresar junto con su hija a Francia mientras que él busca consuelo en Jane (Rachel McAdams) un antiguo amor de infancia. Simultáneamente la narración enfoca al Padre Quintana (Javier Bardem), un sacerdote que atraviesa una crisis de fe al no estar convencido acerca de la misión que le guía en la vida.

Lo dicho en palabras parecería trascender más de lo que realmente se aprecia en imágenes. Todo resulta vago, etéreo, carente de dramatismo sin que exista la mínima emoción que permita llegar a concluir qué es lo que Malick ha querido brindar con este relato errático; si acaso fue su intención en ofrecer un cuadro sobre los misterios del amor y las diferentes formas en que este sentimiento con sus altibajos se va reflejando en la vida de una pareja, el resultado ciertamente desilusiona. En ningún momento el espectador puede aferrarse al drama de sus protagonistas, ni siquiera cuando Marina al no encontrar trabajo en París decide retornar a los Estados Unidos para tratar de dar a la relación con Neil una nueva oportunidad.

No hay nada remarcable en la interpretación. Ni Affleck, ni Kurylenko y tampoco McAdams pueden compensar la falta de carnadura de los personajes que interpretan donde ninguno de los mismos adquiere energía vital. En cuanto a Bardem tiene que vérselas también con un personaje poco desarrollado donde su pérdida de comunicación con Dios no resulta convincente.

Frente a lo que antecede, uno se pregunta si el poema visual a que Malick tiene acostumbrado a su audiencia puede compensar la existencia de un relato sin rumbo concreto y de carencia emocional. Los escasos e imprecisos diálogos complementados con soporíferos monólogos interiores, así como la descripción de situaciones que saltan en el tiempo sin mayor cohesión de las mismas, son objeciones importantes para quien busque en un film algo más que la pura belleza visual. En todo caso, como el refrán lo señala “sobre gustos no hay nada escrito”, por lo tanto la respuesta corre por parte de cada espectador que contemple To The WonderJorge Gutman

UNA BODA DETESTABLE

THE BIG WEDDING. Estados Unidos, 2013. Un film escrito y dirigido por Justin Zackham.

Robert De Niro y Diane Keaton

Lo mejor de The Big Wedding es su elenco de lujo al congregar a estupendos actores como Roberto De Niro, Diane Keaton, Susan Sarandon, Robin Williams y Katherine Heigl, entre otros; lo peor es verlos actuar en una comedia pobremente elaborada animando a personajes completamente artificiales en situaciones inverosímiles, con el único propósito de sonsacar la sonrisa del público a través de burdas gracias. No hay razón alguna que pueda justificar el estreno de productos tan pobremente concebidos como el que se comenta donde el realizador y guionista Justin Zackham, involuntariamente o no, logró que nadie aquí involucrado se sintiera estimulado para efectuar un trabajo aceptable.

Resulta una pérdida de tiempo realizar un esfuerzo para referirse a su contenido. Solo cabe mencionar que por enésima vez se recurre aquí a la trillada fórmula de una reunión familiar durante un fin de semana para la celebración de la boda de uno de sus miembros. A partir de esa trama central, la historia se rellena con situaciones anecdóticas absurdas y chistes decididamente tontos; en última instancia, todo contribuye a que el espectador incremente su aburrimiento a medida que el metraje progresa. La única nota de gracia de este lamentable film es que su duración no excede los 90 minutos; con todo, es inaguantable.  Jorge Gutman



21.4.13

PANORAMA DE AFRICA

VUE D’AFRIQUE

Desde el 26 de abril hasta el 5 de mayo se desarrolla la vigésima novena edición de Vue d’Afrique en el complejo Excentris de Montreal, con excepción del film inaugural que se habrá de exhibir en el Cine Imperial.

Este festival que está consagrado al cine africano y creole es el más importante que se realiza fuera del continente de Africa. Con más de un centenar de filmes pertenecientes a 30 países, la muestra se inaugura con la exhibición de la película belga Kinshasa Kids de Marc-Henry Wajnberg. Este film se basa en la situación ataravesada por aproximadamente 30 mil niños errantes en las calles de Kinshasa de la República Democrática del Congo quienes son acusados de hechicería y tratan de sobrevivir después de haber sido expulsados por sus familias. A partir de ese hecho el film registra con notable autenticidad el caso de José (José Mawanda), uno de esos chicos, quien reuniendo a un grupo de amigos, en conjunto deciden formar una banda musical para alejar a la mala suerte que les acecha y combatir la pobreza, ayudados por un empresario y músico local (Bebson Elemba).


Una escena de KINSHASA KIDS

En Virgin Margarida, el realizador Lucinio Azevedo efectúa un retrato del destino de mujeres presumiblemente prostituidas ubicadas en campos de reeducación después de la guerra de liberación de Mozambique. Cambiando de tono, Winter of Discontent de Ibrahim Batout dramatiza los comienzos de la revolución de Egipto de enero de 2011, con toda la atmósfera de angustia e incertidumbre reinante. Otro film atrayente es Paradis Amer de Christian Faure filmado en la isla de Mayotte, describiendo el comienzo de una historia de amor entre dos niños. Rengaine de Rachid Djaïdani, considera ciertos tópicos espinosos al transitar por el delicado terreno de la exclusión, racismo y religión; la historia gira en torno de un joven negro cristiano viviendo en París que desea casarse con una chica musulmana que debe enfrentar la oposición de su hermano por transgredir la tradición cultural donde el matrimonio entre negros y árabes es considerado tabú. En la coproducción franco-portuguesa La république des enfants protagonizada por Danny Glover, la directora Flora Gomez de Guinea Bissau concibe una suerte de fábula ubicando su acción en un pequeño país africano donde un grupo de niños soldados decide formar su propio país.

En la sección dedicada al cine documental se destaca el film haitiano Deported donde las realizadoras Rachele Magloire y Cantal Régnault entrevistan a ciudadanos canadienses y americanos que son deportados a Haití, su país de origen, debido a delitos cometidos; establecidos ahora en Port-au-Prince deben comenzar una nueva vida en un ambiente desconocido a la vez que hostil. El documental suizo Capitaine Thomas Sankara de Christophe Cupelin describe el destino trágico del presidente de Burkina Fasso Thomas Sankara quien fue asesinado en 1987 al ser traicionado por su mejor amigo. De gran interés es Écoles en Haïti de Didier Mauro donde el realizador aborda los problemas socioeconómicos de Haití agravados por el terrible sismo de 2010 y su repercusión en la escolarización de los niños; el resultado es un ajustado retrato de la sociedad haitiana contemporánea. En el documental de Gran Bretaña coproducido con Zimbabwe Robert Mugabe…what happened? el director Simon Bright echa una mirada crítica a la acción de su presidente que tras la proclama de la reconciliación cuando asumió el poder en 1980, hoy día lanza una guerra civil contra su propio país, destruyendo en gran parte lo que había construido al principio de su mandato. Un documento social importante es La plaie et le couteau, donde la directora Agnès-Maritza Boulmer mediante numerosas entrevistas realizadas, considera las implicaciones de la mutilación genital de la mujer en varios países de África Occidental. y Suiza. El film Yasmina y Mohammed de Régine Abadia narra la sorprendente historia del novelista Mohammed Moulessehoul que publica sus obras utilizando el nombre de su señora Yasmina Khadra

El festival finaliza el 5 de mayo con la proyección del film de Arnold Antonin Herby, le Jazz et la musique haïtienne, sobre la música popular de danza urbana haitiana así como su relación con la música latina y el jazz. Para una información completa sobre la programación y los horarios respectivos visitar www.vuesdafrique.org   Jorge Gutman






19.4.13

EL TIEMPO DEL OLVIDO

OBLIVION. Estados Unidos, 2013. Un film de Joseph Kosinski

Tom Cruise
Anticipándose en dos meses al inicio del verano, la temporada estival de cine ya comenzó en América del Norte con el estreno de Oblivion del realizador Joseph Kosinski. Siguiendo los pasos ya transitados en Tron: Legacy (2010), Kosinski no innova ni agrega sorpresa alguna que no se hubiese contemplado en otros títulos del género (especialmente The Matrix y/o Total Recall); con todo, habrá que reconocer que para los amantes de este tipo de filmes, esta película habrá de sumergirlos en una experiencia visual única y es precisamente allí donde residen sus principales méritos.

El film aglutina todos los elementos propios de la ciencia ficción presentando un universo en donde quedan expuestos los conflictos de humanos y aliens, los viajes a través del tiempo y del olvido, la búsqueda de identidad, presencia de planetas diezmados y colonizados y otros elementos que el realizador imaginó en el guión por él concebido y teniendo en mente que Tom Cruise sería su protagonista. En efecto, el popular actor vuelca su carisma con completa naturalidad y su presencia gravita positivamente en el desarrollo del relato.

La acción se ubica en 2077 donde después de que la Tierra ha ganado la victoria contra destructivas fuerzas extraterrestres que la han dejado diezmada por ataques nucleares, la mayor parte de la población que ha logrado salvarse se ha trasladado a Titán, una de las lunas de Saturno. Entretanto, el piloto y técnico Jack Harper (Cruise) junto con su asistente Vika (Andrea Riseborough) aun residen en la superficie de la Tierra y se encuentran en una base flotante con la misión de mantener alejados a los invasores hostiles que aún permanecen ocultos, contando para ello con la ayuda de invaluables drones que se encuentran programados para asegurar también el abastecimiento del agua. Esta primera parte del film, prácticamente con pocos diálogos, se nutre de la presencia de Jack y Vika, y Sally (Melissa Leo) quien sigue la marcha de lo que está aconteciendo desde el control central. En términos estrictamente cinematográficos, es donde el film registra sus más bellas escenas.

Inmediatamente después, el relato cambia de tono cuando la memoria de Jack, que ha quedado eliminada para evitar que fuerzas hostiles puedan extraerle información en caso de ser capturado, comienza a asociarse con imágenes románticas mantenidas en el pasado con una bella y misteriosa mujer, a través de Julia (Olga Kurylenko), una sobreviviente de la guerra. A partir de allí Jack que no puede no puede dejar de pensar acerca de su pasado comienza a cavilar sobre el futuro de la humanidad. En esta segunda mitad, la historia se vuelve más dialogada, con ciertas escenas de acción bien logradas y con algunas connotaciones humanistas e implicaciones morales que son tratadas esquemáticamente. Con más personajes que entran en el escenario, como es el caso de Morgan Freeman liderando un grupo de rebeldes, el film introduce varias subtramas que se dejan ver pero sin ofrecer una intriga o suspenso especial.

Como ya se mencionó, el film deslumbra con sus maravillosos detalles visuales. En tal sentido es remarcable la magnífica labor de Claudio Miranda en su condición de director de fotografía así como la del diseñador de producción Darren Gilford quienes aunaron sus esfuerzos para ofrecer imágenes deslumbrantes que se convierten en las verdaderas protagonistas de este moderado entretenimiento.  Jorge Gutman

UN BUEN DRAMA EMOCIONAL

THE PLACE BEYOND THE PINES. Estados Unidos, 2012. Un film de Derek Cianfrance

Después de haber impresionado gratamente con Blue Valentine (2010), un profundo drama emocional sobre la desintegración de un matrimonio, el realizador Derek Cianfrance vuelve a ofrecer otra historia íntima que aunque no alcance un nivel parejo a lo largo de sus casi dos horas y media de duración, atrapa el interés por ciertos problemas morales planteados y por el nivel de calidad de su elenco.

Ryan Gosling anima a Luke, un motociclista acróbata itinerante que después de haber estado tiempo atrás en Schenectady, una pequeña localidad del estado de Nueva York, al regresar al lugar se entera de que es padre de un niño de pocos meses de edad, producto de la relación que había mantenido con Romina (Eva Mendez), mesera de un restaurante local. Sorprendido, y dueño de una sensibilidad que le impulsa a cumplir con su deber de padre en lo que al mantenimiento financiero se refiere, decide dejar su trabajo poco estable y redituable para buscar algún empleo local, lo que logra al ser empleado por un mecánico de la zona (Ben Mendelshonn); sin embargo, el pequeño negocio no permite que Luke obtenga un salario importante por lo que decide atender al consejo de su patrón quien le indica que hay maneras más lucrativas de hacer dinero, como por ejemplo asaltando establecimientos bancarios. Todo marcha bien en un comienzo hasta que en uno de esos golpes maestros, el destino hace que se tope con Avery (Bradley Cooper), un honesto policía local.
Ryan Gosling

En la segunda parte del film, el relato se centra en Avery quien es proclamado héroe por su acción desplegada como oficial policial. Graduado en leyes, casado y con un hijo de un año de edad, trata de combatir la injusticia del lugar y es así que se encuentra en dificultad cuando comprueba la corrupción e inmoralidad de algunos de sus compañeros de trabajo (Ray Liotta); además, se llega a saber -por la confesión realizada a su terapeuta- que arrastra un gran sentimiento de culpa por haber matado a un delincuente en acto de servicio.

El tramo final de esta historia que transcurre 15 años después vincula nuevamente al asaltante bancario con el íntegro policía a través de sus respectivos hijos (Dane DeHaan, Emory Cohen); como compañeros de escuela, estos adolescentes mantienen una particular relación basada en los contactos que uno de ellos tiene con traficantes de drogas, y la habilidad del otro de transformar la mercadería ilegal en dinero fácil.

La intención del film es resaltar el modo en que la actitud de los adultos en el pasado repercutirá en la conducta de una nueva generación. A pesar de que las primeras dos secciones del film están narradas en forma impecable, manteniendo buena tensión y suspenso generado por los acontecimientos que tienen lugar, el capítulo final carece de una conclusión realista en función de lo que el film previamente expuso. De todos modos, la observación señalada no alcanza a desmerecer la calidad de sus dos primeros segmentos teniendo en cuenta su inteligente estructuración y sobre todo la original forma en que el foco del relato se traslada de Luke a Avery.

Aunque todo el elenco se desempeña muy bien, indudablemente Gosling y Cooper se distinguen maravillosamente como los dos perturbados protagonistas del relato.

Conclusión: Queda como balance un ambicioso estudio sobre la responsabilidad paternal, el verdadero sentido del heroísmo y la forma en que las acciones humanas por mejor intencionadas que fueran, pueden conducir a situaciones no buscadas dejando una marca indeleble e imposible de olvidarJorge Gutman




UN BUEN FILM DEPORTIVO, SOCIAL Y POLITICO

42. Estados Unidos, 2013. Un film escrito y dirigido por Brian Helgeland

Jack (“Jackie”) Robinson (1919 –1972) fue un jugador de béisbol de Estados Unidos que ha marcado una época en la historia deportiva de los Estados Unidos al haberse convertido en el primer jugador afroamericano en participar en un equipo de primer nivel de este deporte. Los acontecimientos que rodearon ese evento más otros adicionales sobre el movimiento de los derechos civiles vinculados con este juego son abordados por el director Brian Helgeland de manera clara, directa, sobria y elegante, aunque quizá con un poco de didactismo. Lo que importa es que durante poco más de dos horas el espectador que nunca haya practicado ni conocido el béisbol apreciará este film como un documento social de gran trascendencia que enfoca el lado oscuro de Estados Unidos al haber mantenido la segregación racial durante la mayor parte del siglo pasado.

El film comienza en las postrimerías de la segunda guerra mundial mostrando en los noticieros la alegría y euforia de una nación que retorna a la normalidad. Inmediatamente la acción se desplaza al despacho de Branch Rickey (Harrison Ford), el áspero y honesto presidente y gerente general del famoso equipo Brooklyn Dodgers quien comunica al entorno que lo rodea sobre su intención de incorporar a la liga profesional de béisbol a Jack Robinson (Chadwick Boseman); se trata de un joven negro de 26 años que tiene como antecedentes un buen desempeño e integridad profesional en el American Negro League de Kansas City. A pesar de que su decisión causa gran estupor, lo llega a contratar no sin antes imponer a Robinson la condición de que de ningún modo deberá reaccionar frente a las diatribas racistas que eventualmente pudieran salirle al paso. Al principio es asignado al equipo del Montreal Royals donde el gerente del mismo y otros jugadores lo desprecian, del mismo modo que dista de ser bienvenido por el personal del hotel donde debería hospedarse, obligándolo a tener que alojarse en el seno de una familia negra. Su excepcional desempeño como beisbolista hará que al principio de 1947 forme parte integrante del famoso Brooklyn Dodgers portando la famosa camiseta con el número “42”.

Gran parte del film refleja hasta qué punto Robinson ha tenido que enfrentar y soportar la hostilidad debido al despiadado racismo de sus compañeros y el fanatismo del público, sin poder defenderse ni atacar; solamente se sentía apoyado por las continuadas recomendaciones de Rickey de no cejar ni dejarse inmutar para demostrar en la cancha de juego frente al mundo sus notables condiciones de jugador; el otro confort lo obtiene por parte del cariño y apoyo brindado por su joven y amorosa mujer Rachel (Nicole Beharie).

Quizá la escena más dolorosa de presenciar pero ilustrativa de hasta dónde puede llegar el sentimiento de odio racista es cuando en un partido donde su equipo enfrenta al Filadelfia Phillies, su gerente Ben Chapman (Alan Tudyk) provoca a Robinson con los más ponzoñosos insultos raciales para que éste reaccione; ese tenso momento en que el jugador decide guardar la calma frente al público testigo, aunque explotando de indignación interior, está magníficamente logrado ilustrando la impotencia de una persona dolosamente humillada sin poder tomar acción alguna para protegerse.


Harrison Ford y Chadwick Boseman

Aunque el desarrollo del juego abarca buena parte del relato, el film es un documento social y político que cala hondamente en el espectador. A pesar de que a título individual Robinson haya logrado finalmente ganarse un amplio reconocimiento a nivel popular, sobre todo por haber contribuido a que los Dodger obtuviera el título de campeón mundial en 1955, no menos cierto es que la discriminación, segregación e injusticia humana siguió prevaleciendo en los Estados Unidos hasta finales de la década del 60.

El film cuenta con un excelente reparto y se caracteriza por su bajo perfil. En ningún momento el realizador trató de sobredimensionar o exagerar los logros de Robinson y en tal sentido obtuvo de Boseman un trabajo competente donde evitando la sobreactuación transmite muy bien el dolor de quien por el color de su piel es objeto de desprecio y rechazo. No menos importante es el trabajo, diría atípico, de Ford quien en el mejor papel de su carrera ofrece una interpretación estupenda del hombre blanco que hará lo imposible para que su protegido negro salga airoso del camino que le cabe recorrer.

Conclusión: Un muy buen documento que sin duda sorprenderá a la joven generación de la era Obama sobre lo que significó ser negro en la América del siglo pasado.  Jorge Gutman